Síntesis fotográfica de Guendy

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José Luis Cuendia, que firma sus fotos como “Guendy”, es un fotógrafo aficionado, sin que ello quiera decir que se entrega a la fotografía con menos pasión que los profesionales. Al contrario. Su dedicación a la fotografía, que inició en la adolescencia introduciéndose en los secretos de un pequeño laboratorio que montó en su propia casa, es intensa y absorbente. Ha recorrido medio mundo con la cámara a cuestas —y de ello hay una amplia muestra en esta exposición—, ha expuesto varias veces sus fotografías, ha aportado fotos para libros y otras publicaciones, y es el promotor de una red social de fotografía, Moldeando la luz, que reúne a más de 1.200 fotógrafos de todo el mundo, de Vietnam a Rusia y de China a Nueva York, con presencia de toda Europa y de gran parte de América del Sur; es asimismo promotor y alma mater de la revista digital Luz y Tinta, que lleva editados 83 números más algunos especiales y en la que colaboran destacados fotógrafos y escritores. Es asimismo socio desde su fundación de la Asociación Fotográfica Asturias a contraluz y, además, últimamente, aprovechando la jubilación de su trabajo, ha montado un cuidado estudio fotográfico al que se dedica en cuerpo y alma.

Estamos, pues, ante un fotógrafo consciente de los límites de la fotografía y de su propia capacidad, como puede apreciarse en esta exposición en la que recoge una pequeña muestra de sus últimas producciones. Y digo bien, una pequeña muestra: en sus discos duros y en sus negativos se conservan miles y miles de fotografías, de todos sus viajes y de sus muchas salidas a fotografiar momentos y motivos. Lo que hoy se muestra en esta sala es una antología muy limitada de unos cuantos proyectos anteriores, de los que se han seleccionado seis en concreto:

Arqueología industrial, con una nostálgica mirada al mundo de la mina, no en vano es natural de Laviana, referencia inexcusable de la cuenca minera; Luces sin fronteras, donde recoge rincones de distintos lugares de Europa, Africa , Asia o América, con algún guiño muy medido a la Asturias circundante; Bellezas prestadas, donde se muestran sus últimas fotos de glamour, fotos de estudio en las que busca destacar la belleza de la mujer por incidencia de la luz o de la propia calidez de la mirada, utilizando técnicas creativas como los polvos Holy o apuestas muy personales en la composición o en la postproducción; Fotografía conceptual o de postproducción, en donde el fotógrafo creativo que es Guendy asoma en toda su dimensión: son fotos compuestas tras un especial estudio de luces y otros elementos, tratadas en el ordenador y lanzadas al viento de la imaginación y la fantasía con resultados vistosos cuando no sorprendentes; Trabajadores, que no necesita mayor explicación: retrata obreros de todo el mundo en tareas no habituales; y por último, Miradas sin fronteras donde de nuevo, viajero impenitente, nos ofrece su visión sobre la realidad de otros países; miradas que demuestran que en sus viajes no es un turista al uso, sino que, en lugar de estar pendiente de monumentos y lugares comunes, centra su mirada en las gentes del país y especialmente en los más desarraigados.
Descrito así, y de alguna forma había que hacerlo para explicar la complejidad y la diversidad creativa de esta exposición, pueden parecer compartimentos estancos, y sin embargo, en el conjunto de estas fotos se aprecia una unidad indiscutible. José luis Cuendia entiende la fotografía como metáfora de la vida y en esta exposición, en la que en todos sus poros late la vida que se mueve ante sus objetivos, nos da una palpable muestra de su inquietud social, de su pasión fotográfica y de su laboriosa imbricación creativa.

Para hacer más evidente esta pasión innovadora, Cuendia, que siempre ha aspirado a trascender las técnicas a su alcance —ya en sus primeras exposiciones mostraba fotos en blanco y negro coloreadas con aerógrafo—, abandona en esta exposición el clásico y tradicional papel fotográfico y nos muestra sus fotos, a gran tamaño, en otros soportes, como el lienzo o el metacrilato, que les dan una nueva dimensión, pues pretende acercarse al espectador con propuestas, ya que no revolucionarias —nihil novum sub sole — al menos tendentes a despertar, a través de la vista, la interacción de otros sentidos.

Francisco Trinidad

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