La fotografía como bombardeo

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Cámara espia.

La historia de la fotografía ha evolucionado, como es lógico. En principio, los inventos técnicos tienden a evolucionar. Los antecedentes de la fotografía moderna son el heliograbado y la daguerreotipia. Las innovaciones técnicas fueron, durante bastante tiempo, más importantes que los resultados artísticos. Dos resultados decisivos fueron la posibilidad de hacer retratos fotográficos y la difusión de imágenes a través de periódicos y revistas.
No se trata, ahora, de precisar todos los pasos de desarrollo de una técnica y de un arte que triunfó definitivamente a partir de la entrada en el siglo XX. Paul Delaroche se avanzó temerariamente al afirmar: «La pintura ha muerto». Seguramente, pensaba en los magníficos retratos pictóricos que habían hecho los grandes maestros de la pintura. Esos ojos, esos pliegues de la piel, esas narices y esas barbas. Si la fotografía permitía ofrecer una imagen de los grandes personajes en un instante, ¿qué sentido tenía entonces dedicar horas a posar? (Está claro que el artista podía falsear el retrato a cambio de una buena recompensa, y embellecer el rostro y la expresión de un rey, de una princesa o de un alto eclesiástico).
Lo cierto es que Delaroche se equivocó, pero solo en parte: los retratos siguen ocupando paredes de casas y palacios. Y yo creo que, en cierto modo, el retrato fotográfico, tan moderno como es, ya pasa por un momento delicado, debido precisamente a la amplitud de su éxito, de la dictadura popular del color y de la facilidad de manipulación. Tal vez previendo esto, bastantes artistas de la fotografía empezaron a refugiarse en el blanco y negro. En Catalunya los ha habido, y los hay, extraordinarios: Pomés, Joan Colom, Miserachs, Forcano, Colita, Català Roca, Maspons. Y menciono aquí solo a algunos de los artistas que he tenido la suerte de conocer, porque hay más. Lo cierto es que el arte del blanco y negro ha destacado siempre en Catalunya.
¡Qué contraste con la gente que, hoy, se dedica a hacer fotos a mansalva! No es culpa de la gente, sino de la técnica. El perfeccionamiento simplista de las máquinas ha impuesto unfotografismo general. De hecho, la máquina lo hace todo, y algunas incluso piensan qué tienen que hacer según las circunstancias. Son millones de foto diarias, en las que la opinión del fotógrafo cuenta poco. «Tú mira por aquí y aprieta este botón», le dicen. Y como, además, después todo se puede mejorar, y la mar puede ser, si se quiere, con el agua de color rojo...

JOSEP MARIA
ESPINÀS

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