3050052378?profile=original

Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942), reconoce, se sintió "extraña" al reencontrarse con sus primeros trabajos, un obligado ejercicio de revisión para el que se enfrenta a una retrospectiva. Resumir cuatro décadas de fotografía en 180 imágenes le llevó tres años, ayudada por Marta Dahó, comisaria de la muestra que anoche inauguró el Casal Solleric. Parada casi obligatoria en el circuito Palma Photo, visitable hasta el 5 de septiembre, condensa una intensa trayectoria reconocida con el Premio Hasselblad, en 2008. Y con el PhotoEspaña 2010, la semana que viene. 
Organizada por la Fundación Mapfre, la exposición recorre a Graciela Iturbide por fuera y por dentro, incansable viajera que proyecta alma y sueños en cada una de sus fotografías. Documento y poesía, pues, son por igual las imágenes seleccionadas, espejo del México más indígena y ritual. De sus mujeres y de sus fronteras. Del dolor de Frida Kahlo y de la muerte. Del azar más cotidiano. De los pájaros y los perros solitarios. También de Panamá, India, Madagascar, Roma o España.
 

–¿Se puede fotografiar todo?
–Sí, todo. Hasta el aire.

–Siempre analógica. ¿Qué opinión tiene de la fotografía digital?
–Soy muy del siglo XVIII, aunque creo que cualquier proceso es válido, si el resultado es bueno. Lo importante es quién está tras la cámara, aunque sea una camarita de cartón.

–¿Ve la vida en blanco y negro?
–Nunca he tenido tiempo para entrar en el color, aunque tengo la esperanza de hacerlo. He hecho algunos trabajos, en la casa de Kahlo, o con Alejandro González Iñárritu. Pero como dijo Octavio Paz hablando de Manuel Álvarez Bravo: ´La realidad es más real en blanco y negro´.

–¿Incluso en su colorido México?
–Cuando llevo la cámara encima dejo de ver el color, me abstraigo, todo es blanco y negro. Cuando me la quito es cuando pienso, ¡qué bonito y cuánto color hay en México!
 

–¿Qué repite en sus talleres?
–He dado pocos, y he de decir que estoy muy agradecida de poder hacerlo en Palma –desde hoy y hasta el 23 en Es Baluard–. Aconsejo usar la imaginación, es algo muy importante. Si la imaginación funciona siempre puedes encontrar algo interesante. También está la pasión, sin ella no puede haber resultados. Es lo que recomiendo. Yo dejaré de ser fotógrafa el mismo día que pierda la capacidad de sorprenderme.

–Fotografiaba la muerte, hasta que se encontró con ella.
–Una familia me dio permiso para acompañarla hasta el cementerio para fotografiar como enterraban a su ´angelito´. En medio del camino encontramos un hombre muerto, mitad calavera. En el cielo revoloteaban los pájaros que se habían comido parte de su rostro. En ese momento sentí que la muerte me dijo basta, y la dejé de fotografiar. La muerte está muy presente en México, allí jugamos con ella, quizás porque la tememos. Las fotografías que yo le hice no son buenas, pero son un pasaje importante en mi vida.

–¿Se arrepiente de haber hecho, o de no haber hecho, alguna fotografía?
–Henri Cartier-Bresson hablaba del ´momento decisivo´. Uno puede imaginarse qué fotografías ha hecho, pero cuando entra a editarlas siempre hay sorpresas. De las buenas y de las malas.
 

–¿Qué opinión le merece el fotoperiodismo actual?
–Que es necesario, y que hay fotógrafos excelentes. También, desgraciadamente, que hay mucha prensa amarillista. Hoy suceden cosas terribles, muy fuertes. Es bueno darnos cuenta de que podemos ayudar, en Haití, por ejemplo. Pero hay imágenes que me aterran un poquito... más bien un muchito.

Fuente: Diario de Mallorca

Enviadme un correo electrónico cuando las personas hayan dejado sus comentarios –

¡Tienes que ser miembro de Escribir con la luz para agregar comentarios!

Join Escribir con la luz