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"Felicidades por los triunfos de Nadal y del Barcelona", me saluda Kamran Adle. Antes de que pueda preguntarle si es aficionado al deporte, descubro que el comentario es una introducción para enseñarme en su móvil un par de fotos de Aravane Rezaei, la tenista francesa de origen iraní que ganó el Máster de Madrid. "Ves la visera, primero es azul y luego blanca", señala, y explica que la segunda imagen, la publicada en la prensa iraní, está retocada con Photoshop para cubrirle el pelo. "Nos hemos convertido en unos maestros del Photoshop", asegura.

Kamran Adle sabe de lo que habla. A sus 69 años, lleva medio siglo fotografiando Irán. Desde la emperatriz Farah Diba hasta la obra arquitectónica del frustrado candidato presidencial Mir Hosein Musaví, pasando por el bazar y los ritos religiosos. Le pregunto cuál es el mayor cambio que se ha producido en su país durante este tiempo. "La población y los modales", responde de inmediato. "Cuando empecé apenas éramos 27 millones y ahora somos más de 70. Tengo fotografías de entonces con mezquitas casi vacías un viernes a mediodía y calles del centro de la ciudad con tres coches". ¿Y qué permanece invariable? "La forma de gobernar sin prestar atención a la gente".

Lo dice con una sombra de tristeza mientras echa una mirada a los jóvenes que nos rodean en el 78, uno de los primeros cafés del Teherán posrevolucionario. "He elegido este sitio porque es propiedad de una amiga", justifica mientras le sirven un tazón de café con leche como los que solía tomar en Francia, donde se formó. Mehrva Arvin, la dueña, es fotógrafa aficionada y además exhibe en sus paredes el trabajo de jóvenes artistas.

"No voy mucho a los cafés. Nunca he tenido tiempo para ello", afirma. Y echando una ojeada a su currículo se comprende. Fotógrafo de moda en el París de los sesenta, jefe de fotografía de la radiotelevisión iraní, profesor de la Escuela de Imagen, fotógrafo imperial... Su retrato de Farah Diba con Persépolis iluminada al fondo dio la vuelta al mundo y le abrió las puertas a una serie de trabajos sobre el país que se plasmaron en varios libros.

Es inevitable pensar que aquello debió pasarle factura tras la revolución. "Me molestaron durante 12 años", admite en referencia a las seis veces que pasó por la cárcel. "Cuando me detenían, mis amigos me sacaban de prisión". Su valía profesional le permitió salir a flote. Ha tocado todas las facetas y se le considera el introductor de la fotografía periodística moderna en Irán. Desde 1979 colabora con la Fundación Agha Khan como fotógrafo del jurado para el premio de arquitectura.

"La fotografía es sobre todo la forma y la luz... Sentimiento. Si uno la siente, tiene hecho el 90% del trabajo", asegura. Y él, sin duda, siente la fotografía. Solo así se explica que un día estuviera en el mercado y encontrara un parecido irresistible entre las patatas de un puesto y las esculturas de Henry Moore. Tras seleccionar las que le interesaban y pagarlas a buen precio, se las llevó a su estudio y las fotografió. La serie se convirtió en su primera exposición, a los 58 años, y abrió las galerías de arte para las nuevas generaciones de fotógrafos iraníes. No sin crear polémica. Un reconocido comentarista de la época vio un mensaje político y escribió: "La situación es tal que Kamran Adle solo puede fotografiar patatas". No era para tanto. ¿O sí?

Fuente: El País

 

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