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¿Quién guarda las fotografías familiares en una casa? ¿Cómo circulan dentro del espacio doméstico? ¿Qué ocurre cuando pertenecen a aquellos que padecieron la violencia política? ¿Por qué en unas casas perviven y en otras desaparecen? Las fotografías de las víctimas de la guerra civil española y la posguerra tuvieron y tienen una vida marcada y definida por este drama. Esta es la presentación del libro 'El duelo revelado' del antropólogo ciudadrealeño Jorge Moreno.

Moreno, natural de Abenójar, consultó más de 1.500 fotografías familiares alrededor de todo el mundo para su tesis doctoral, que defendió en el 2017 y en la que se basa el trabajo persentado recientemente en el centro de Escuelas Pías de la UNED en Madrid. Recorrió el Archivo Histórico de Defensa, el Centro Documental de Memoria Histórica de Salamanca, distintos archivos provinciales, y llegó a ir hasta México o Estados Unidos para acercarse a las fotografías de las víctimas del franquismo y la posguerra. La idea era "dar sentido" a las prácticas de las familias.





"Como antropólogos pasamos mucho tiempo con la gente. Así hablamos y le buscamos sentido a las practicas y los sentidos que las familias han dado a fotografías que pertenecen a asesinados, presos o exiliados, las víctimas del franquismo. Se analizan los usos de las familias según la represión sufrida", explica el investigador, que también ha sido parte del proyecto 'Mapas de Memoria'.

Se trata de un símbolo, especialmente en el caso en el que las familias no tienen el cuerpo. "Cuidan la fotografía como si fuera un cuerpo. Son imágenes muy besadas y queridas", señala Moreno. Pero también, son modificadas, en el caso de mostrar alguna ideología, como el caso de un puño en alto. Muchas de las familias, continúa, llevaron las fotos para ampliarlas y poder tenerlas en su dormitorio o en el salón de las casas, como un memento visible de las vidas que ya no están. La familia aprovecha, así, para "recomponerse".

"Se cuida el cuerpo fotográfico en ausencia del cuerpo", explica Jorge Moreno, que señala que la importancia recae en que son procesos de duelo que deben hacerse de puertas para adentro, en la intimidad familiar, ya que la posibilidad de hacerlo públicamente se ha "anulado".

Pero no sólo se trata de las fotografías de las personas que han fallecido o sido asesinadas. El libro también abarca lo que ocurre, por ejemplo, con las fotos que envían o son enviadas a los presos desde su casa. De este modo se crean "nuevos espacios" en el encierro de la cárcel y se vuelve una comunicación fundamental. Lo mismo ocurre en el caso de los exiliados, que muchas veces se ven obligados a camuflar su vida como si fueran turistas y lo que envían son postales de vacaciones, una técnica usada para sortear la censura.

"Existe toda una cuestión del silencio en la correspondencia cotidiana. Vemos que hay familias que sólo se conocen por fotografía. O en el regreso, cómo se fotografían con imágenes míticas, como de sus padres en la puerta de su casa", reflexiona el autor de 'El duelo revelado'. Las respuestas a las preguntas que recorre el libro, "por qué uno recuerda lo que recuerda" o "cómo se construye la memoria en contextos de violencia", son muy variadas.

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