Mujeres y más mujeres en la gran fiesta de la fotografía

Mujeres y más mujeres en la gran fiesta de la fotografía

EVANGELIA KRANIOTI

Mujeres llenas de vida y de drama. Mujeres sin retocar. Mujeres en el supermercado. Mujeres con la falda mal colocada. Mujeres y más mujeres fotografían y son fotografiadas en el Festival de Arlés, que celebra su 50 aniversario en femenino plural

Si tienes un buen título, tienes una historia. Evangelia Kranioti lo ha tomado prestado de Aristóteles, quien dividió la humanidad en tres categorías: «los vivos, los muertos y los marinos». Griega de Atenas, residente en París, diplomada en Derecho y Artes Visuales, empezó sus viajes hablando con los marinos de su país: «Les pedía que me contaran su vida, sus amores, sus escalas en puerto. Un día me fui con ellos de Noruega a Japón...». Y así son sus fotos. Llenas de vida, llenas de drama, llenas de color.

Porque esto va de fotografía. Estamos en Arles, sur de Francia, ciudad romana, ciudad de toros, capital mundial de la Fotografía todos los julios desde hace 50 años. Sus Encuentros soplan las velas del medio siglo con una edición apabullante y ecléctica, sin concesiones a la nostalgia y con voluntad de seguir el camino. Bodas de oro, miradas de mujer. Arles ahuyenta el tópico de que el reporterismo es territorio masculino con un ramillete de grandes fotógrafas. Pasen y vean.

En la segunda planta de la antigua capilla de San Martín del Méjan hace un calor sofocante. El aire está pesado y húmedo, como en los tugurios de puerto donde recalan los marinos de Kranioti. Sus fotos tienen el color saturado de noches húmedas. Como las de Marilyn de los puertos, prostituta de Valparaíso (Chile).

Antaño estos reportajes se hacían en blanco y negro, color denuncia. La mirada de la griega es otra: «Miro siempre con empatía al que se desplaza, el que se va de un sitio y el que lleva el viaje en sí mismo. Lo que hago se sitúa entre realidad y ficción».

Ya hemos comprendido que la tercera categoría aristotélica es metáfora: «Los marinos están en la frontera, pertenecen a los mundos». Como la transexual Luana Muniz, icono queer de Brasil que entorna los ojos mientras apura un pitillo. Uñas de pega, pestañas postizas, «oscuro, barroco».

 

3388184859?profile=RESIZE_710x'Nueva York, 1980'.HELEN LEVITT

Helen Levitt (1913-2009) para recuperar el aliento: Nueva York, calle, niños. Es la primera retrospectiva de esta autodidacta de Brooklyn que sólo salió de la Gran Manzana para un reportaje en México con Henri Cartier-Bresson y Walker Evans, poca broma.

Levitt, Leica 35 mm, años 30, Depresión. Niños (dos tercios de todas sus fotos fueron de niños). Niños en las calles, vacías de coches. Pero niños jugando en la acera, en medio de los quehaceres adultos. Porque, influenciada por el surrealismo, la mirada de Levitt ha dado un paso más allá de la fotodenuncia documental. «Ella transforma la realidad en algo irreal», explicó el comisario de la exposición, Walter Moser, director del departamento de fotografía del Albertina de Viena.

Levitt recuadraba sus fotos. Anatema para Cartier Bresson. Levitt se pasó al color y a la diapositiva en los años 60. Y volvió a las calles. Encontró a la niña pequeña agachada como una araña, en equilibrio gracias al apoyo que le presta un cochazo de los de entonces, verde hortera. Para el comisario Moser, «esta fotografía muestra cómo el espacio de libertad que era la calle para los niños ha desaparecido. Empujados a un rincón, la calle ya no es su terreno de juego».

Dejamos a la autora concluir: «La gente me pregunta a menudo qué sentido tiene esto o lo otro. Y no tengo una buena respuesta que darles. Lo que ustedes ven es lo que ustedes ven».

Nosotros nos vamos a ver aquí al lado el trabajo de Susan Meiselas, escoltada por dos congéneres, Eve Arnold y Abigail Heyman. Tres que donde ponen el ojo, ponen la intención. Título: «Mujeres sin retocar».

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Fotografía de la exposición 'Mujeres sin retocar'.SUSAN MELSELAS

Tomado de la obra homónima de Arnold aparecida en 1976. Marilyn Monroe, en los lavabos del aeropuerto de Chicago, con la falda mal colocada. O dormida, como un ángel, perdón, como un viajero cualquiera, en su asiento. Desconocidas o famosas, en su día a día, lejos de la pose y la estética publicitarias. Sin retocar, vamos.

Arnold seguía los pasos de Abigail Heyman, que un par de años antes había publicado su primer libro, Creciendo mujer, un fotodiario personal. Imágenes en b/n y comentarios escritos a mano. Un diario íntimo y feminista, advierte el panel. Así que estas señoras, pilladas con el rulo puesto en el súper, tienen algo que decirnos de acuerdo con el principio feminista que reza: «Lo personal es política».

Y así llegamos a Susan Meiselas. Y a su Carnival strippers. La fotógrafa fue al encuentro de las mujeres que trabajaban en las ferias ambulantes de Nueva Inglaterra. «Quería saber lo que les pasaba por la cabeza cuando se exponían en público. Me identificaba profundamente con mujeres que sentían estar determinando su propia vida. Una actitud en la que hay desafío». Cuatro años de trabajo de campo. Sí, cuatro años.

Entonces Meiselas presentó su trabajo a un periódico. Y el jefe cabrón que hay en toda redacción la mandó a paseo: «Nunca publicaremos esto. Vaya a la Convención demócrata y fotografíe a las mujeres que hablen en la tribuna». Resultó un buen consejo... Meiselas encontró allí a Gilles Peres, fotógrafo de Magnum, que miró sus fotos e hizo que la admitieran en la mítica agencia aquel mismo año.

 

3388188902?profile=RESIZE_710xUna imagen de la serie 'Relaciones experimentales'.PIXY LIAO

De entonces a Arlés, Meiselas (Baltimore, 1948) ha hecho un carrerón con reportajes célebres en Nicaragua y el Kurdistán. Su obra se ha expuesto en lugares como la Fundaciónn Tàpies de Barcelona. Su trayectoria fue recompensada en Arlés con el premio Women in Motion que entregaba por primera vez la Fundación Kering, matriz de marcas como Gucci o Balenciaga. El premio Madame Figaro fue para Evangelia Kranioti.

Las distinciones se entregaron en las veladas nocturnas que se celebran en el teatro romano de Arlés. Veinte siglos después, sirve aún de lugar de cultura. Sus constructores quedarían perplejos sobre cómo montar un espectáculo sobre el making of de un reportaje, la historia de una canción maldita o un portfolio sobre zapatos a ritmo de jazz.

En el arranque de la noche, con la luna en creciente, el director de los Encuentros, Sam Stourdzé, recordó las viejas querellas entre partidarios del color y del blanco y negro y nos inquietó a todos preguntando si confiábamos en Google, Apple y compañía como guardianes de nuestras fotos digitales. «¿Qué será de la fotografía dentro de 50 años?», lanzó en voz alta. Ahí quedó la cosa. De momento, en Arlés hay cita para el año próximo

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Comentarios

  • La portada de la transexual Luana Muniz hace honor al encabezado de vida y drama. sin duda tiene que ser muy interesante ver y participar en el festival de Arlés.

  • Muy interesante, hasta el año que viene

  • Excellent

  • Very good

  • Muy interesante, y que gran pregunta al final ¿Qué será de la fotografía dentro de 50 años?

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